El peso de los rellenos: cuándo aportan naturalidad y cuándo es mejor buscar alternativas

Los rellenos faciales, y especialmente el ácido hialurónico, han supuesto uno de los grandes avances de la medicina estética. Bien indicados, permiten restaurar pequeños déficits de volumen, mejorar determinadas proporciones faciales y conseguir resultados naturales sin necesidad de cirugía.

El problema aparece cuando se intenta solucionar con relleno lo que no es un problema de volumen.

Con el envejecimiento, la cara no solo pierde grasa. También cambian la piel, los compartimentos grasos, los ligamentos de soporte, los músculos y el esqueleto facial, y los tejidos pueden descender progresivamente [3].

Añadir volumen puede corregir una pérdida de volumen, pero no puede reposicionar por completo un tejido que ha descendido.

Esta diferencia es fundamental para entender por qué los rellenos pueden proporcionar buenos resultados en unos pacientes y resultados artificiales en otros.

¿Qué ocurre cuando envejece la cara?

Durante muchos años se simplificó el envejecimiento facial como una pérdida progresiva de volumen. La evidencia actual lo describe como un proceso mucho más complejo [3, 4].

Se producen simultáneamente cambios en diferentes planos: pérdida de calidad y elasticidad de la piel, modificaciones de la grasa facial, laxitud de los sistemas de soporte, descenso de los tejidos y remodelación progresiva del esqueleto facial.

Por ello, dos pacientes de la misma edad pueden necesitar tratamientos completamente diferentes. En unos predomina realmente la pérdida de volumen; en otros, el problema principal es la flacidez y el descenso de los tejidos. Tratar ambas caras de la misma manera no tiene sentido.

El ácido hialurónico no siempre desaparece cuando se piensa

Tradicionalmente se ha considerado que los rellenos de ácido hialurónico permanecían unos meses y después desaparecían por completo.

Trabajos recientes sugieren que la realidad puede ser distinta. Un estudio con resonancia magnética en 33 pacientes, centrado en el tercio medio de la cara, encontró ácido hialurónico detectable en todos ellos al menos dos años después de la inyección y, en algunos casos, mucho más tiempo [1]. Es una serie pequeña y no necesariamente representativa, y que el producto sea visible en la resonancia no significa que siga teniendo efecto clínico. Aun así, sugiere que algunos rellenos pueden permanecer más tiempo del que se creía, sobre todo en algunas zonas de la cara.

Esto no significa que todos los productos duren tantos años ni que permanezcan siempre en la misma cantidad. La duración depende del producto utilizado, de la zona tratada, de la profundidad de la inyección y de factores propios de cada paciente.

Pero sí introduce una idea importante: cuando se repiten tratamientos periódicamente, no siempre se parte de cero, porque puede quedar producto de inyecciones anteriores. Por ello, antes de volver a rellenar una zona conviene valorar qué necesita realmente el paciente y no asumir que todo el producto previo ha desaparecido.

Cuando el volumen comienza a pesar

El problema no es el peso físico de uno o dos mililitros de producto. Es la acumulación de volumen y su efecto sobre una anatomía que sigue envejeciendo.

Si se intenta corregir repetidamente el descenso de los tejidos añadiendo volumen, pueden alterarse las proporciones naturales de la cara: los pómulos aumentan en exceso, el tercio medio se ensancha y las transiciones entre las distintas regiones faciales pierden definición.

La cara puede empezar a verse pesada. Y, aunque se haya añadido volumen con la intención de rejuvenecerla, puede transmitir una apariencia menos natural.

El síndrome de la cara sobrecorregida

En la literatura médica se utiliza el término facial overfilled syndrome (síndrome de sobrecorrección facial) para describir las alteraciones que pueden aparecer tras un uso excesivo o inadecuado de rellenos [2]. Es un término descriptivo, más que un diagnóstico con criterios formalmente establecidos.

No depende exclusivamente de la cantidad total utilizada. También influyen dónde se coloca el producto, a qué profundidad, qué características tiene y, sobre todo, qué problema anatómico se intenta corregir.

Una cara sobrecorregida puede presentar pómulos excesivamente prominentes, pérdida de las transiciones naturales entre regiones, alteraciones del contorno facial y una expresión diferente durante el movimiento.

La prevención es mucho más sencilla que la corrección, y probablemente la mejor forma de prevenir este problema sea saber cuándo dejar de poner relleno.

¿Significa esto que los rellenos son malos?

En absoluto. Los rellenos son útiles cuando existe una indicación adecuada: pueden corregir pequeños déficits de volumen, mejorar determinadas proporciones, tratar algunas depresiones o asimetrías y complementar otros procedimientos.

El problema no es el ácido hialurónico, sino convertir el relleno en la respuesta a cualquier signo de envejecimiento. Un buen tratamiento no debería medirse por cuántos mililitros se han utilizado, sino por haber utilizado únicamente los necesarios para conseguir un resultado adecuado.

Como todo tratamiento inyectable, los rellenos pueden producir hematomas, inflamación o nódulos y, más raramente, complicaciones de mayor gravedad, por lo que deben ser realizados por un médico con formación específica [5].

Menos volumen y más calidad de piel

En muchos pacientes puede mejorarse el aspecto facial sin necesidad de añadir volumen. Los tratamientos destinados a mejorar la calidad cutánea pueden ser una alternativa o un complemento especialmente interesante.

Los peelings superficiales, algunos láseres, las microagujas (microneedling) y otras tecnologías pueden mejorar la textura, la pigmentación, la luminosidad y algunos signos superficiales del envejecimiento.

La radiofrecuencia fraccionada con microagujas actúa a mayor profundidad y puede favorecer la remodelación del colágeno y mejorar grados leves o moderados de laxitud.

También existen tratamientos bioestimuladores, cuyo objetivo fundamental no es crear un volumen inmediato, sino estimular progresivamente algunos componentes de la matriz dérmica, es decir, la estructura de soporte de la piel.

Ninguno de estos procedimientos sustituye a los demás. Actúan sobre problemas diferentes.

Neuromoduladores: tratar el movimiento sin añadir volumen

Otra alternativa cuando el problema son las arrugas dinámicas es la toxina botulínica, un medicamento sujeto a prescripción médica cuyo efecto es temporal.

Las arrugas de la frente, del entrecejo o de la región periocular están relacionadas fundamentalmente con la actividad muscular, y añadir volumen no trata su causa. La toxina permite disminuir selectivamente esa actividad y suavizar las arrugas manteniendo, cuando se utiliza adecuadamente, una expresión natural.

De nuevo, lo importante es identificar qué estructura produce el problema antes de elegir el tratamiento.

Y cuando los tejidos han descendido, ¿qué hacer?

Este es probablemente el punto donde aparecen más errores.

Cuando existe una verdadera flacidez facial, pérdida de definición mandibular, descolgamiento a ambos lados de la mandíbula y descenso de las mejillas, algunos aspectos pueden mejorar parcialmente con tratamientos no quirúrgicos. Pero existe un límite.

Si el problema principal es que los tejidos han descendido, llega un momento en que seguir añadiendo volumen deja de ser la solución. En estos pacientes puede ser razonable plantear un lifting facial y cervical.

El lifting moderno no pretende estirar simplemente la piel: su objetivo es reposicionar los tejidos profundos que han descendido y recuperar unas relaciones anatómicas más próximas a las que tenía el rostro anteriormente. En estos casos, una cirugía correctamente indicada puede ser una opción más adecuada que continuar añadiendo rellenos.

Toda intervención quirúrgica conlleva riesgos (relacionados con la anestesia, hematomas, infecciones, cicatrices, resultados variables) y un periodo de recuperación que depende del procedimiento y de cada paciente. No todas las personas son candidatas ni desean una cirugía, y estos aspectos deben valorarse y explicarse con detalle en la consulta.

Cirugía y medicina estética no son tratamientos enfrentados

No deberían plantearse la cirugía y los tratamientos no quirúrgicos como opciones rivales. Son herramientas diferentes.

Un lifting puede reposicionar los tejidos, pero no mejora por sí solo una mancha, una arruga de expresión o algunas alteraciones de la calidad cutánea. Del mismo modo, un láser, una radiofrecuencia o un relleno pueden mejorar problemas concretos, pero no reproducen el reposicionamiento anatómico de una cirugía.

En muchos pacientes, los mejores resultados se obtienen combinando distintas estrategias de forma razonada.

Saber cuándo parar

Quizá este sea el concepto más importante.

En medicina estética existe una tendencia comprensible a realizar tratamientos progresivos: un poco de relleno hoy, otro retoque dentro de unos meses y una nueva corrección después. Cada tratamiento puede parecer pequeño de forma aislada, pero debe valorarse siempre el resultado acumulativo.

Cuando un paciente vuelve a consulta, la pregunta no debería ser únicamente dónde se puede añadir más producto. A veces la pregunta correcta es la contraria: ¿realmente necesita más relleno?

Puede que la mejor opción sea mejorar la piel, tratar la actividad muscular, utilizar una tecnología que estimule el colágeno, valorar la presencia de relleno previo y, en casos seleccionados, considerar su disolución o, cuando existe un descenso importante de los tejidos, plantear una solución quirúrgica. Y, en ocasiones, simplemente, no hacer nada.

El objetivo de la medicina y la cirugía estética no debería ser eliminar cualquier signo de envejecimiento, sino conseguir que el paciente siga reconociéndose, manteniendo sus proporciones y sus rasgos.

Los rellenos siguen siendo una herramienta valiosa para conseguirlo, siempre que se sepa también cuándo no utilizarlos. Cada caso requiere una valoración individualizada por un médico especialista.

Referencias bibliográficas

  1. Master M, Azizeddin A, Master V. Hyaluronic Acid Filler Longevity in the Mid-face: A Review of 33 Magnetic Resonance Imaging Studies. Plast Reconstr Surg Glob Open. 2024;12(7):e5934. doi:10.1097/GOX.0000000000005934.
  2. Lim TS, Wanitphakdeedecha R, Yi KH. Exploring facial overfilled syndrome from the perspective of anatomy and the mismatched delivery of fillers. J Cosmet Dermatol. 2024;23(6):1964-1968. doi:10.1111/jocd.16244.
  3. Rohrich RJ, Novak M, Kumar NG. Aging Face Rejuvenation: Guiding Anatomic and Scientific Concepts. Aesthet Surg J. 2026;46(4):348-356. doi:10.1093/asj/sjaf169.
  4. Aaron L Wiegmann 1, Tara M Chadab 2, Rod J Rohrich 2Rethinking filler strategy for the aging face. J Plast Reconstr Aesthet Surg. 2025; 110:115-122. doi:10.1016/j.bjps.2025.08.043.
  5. Liu J, Gao M, Hu H, et al. Facial Injectable Fillers in Aesthetic Medicine: Clinical Applications and Safety Strategies. Med Sci Monit. 2025;31:e949944. doi:10.12659/MSM.949944.


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